El economista de la Universidad Católica conoció a Miguel Kast en su época de estudiante. Lo describe como un “chiquillo” lleno de actividades, muy organizador de cosas y con una gran capacidad de convencimiento.
Ernesto Fontaine recuerda a Miguel Kast cuando éste llegaba en un muy buen auto a la Facultad de Economía de la Universidad Católica, cuando el Director de la Escuela, o sea él mismo, sólo estacionaba una Citroneta. Poco a poco conoció a este joven con pinta de alemán que se comía las uñas, por su gran capacidad organizativa, pero por sobre todo por su inteligencia y preocupación por lo social. Cree que hoy Miguel estaría organizando en medio de los conflictos sociales que vive el país, en especial en temas de educación. “Lo veo escribiendo, pero organizando”, reflexiona el académico con algo de nostalgia por no tenerlo hoy en vida, pensando en cómo Dios se lo pudo llevar tan joven.
¿Cuál es el primer recuerdo que se le viene a la mente sobre Miguel Kast?
Lo que recuerdo de este chiquillo es que era estudiante de la Universidad Católica, mientras yo era director de la Escuela. Él andaba en un Peugeot 404 y yo en Citroneta. Lo que pasa es que él muy joven era emprendedor. Tenía unas máquinas trilladoras y tenía un buen nivel de ingreso. Lo segundo que recuerdo es que “Miguelito” vino a verme y me dijo que tenía un amigo que estudiaba medicina, pero quería cambiarse a economía, y qué hicimos: lo aceptamos rápidamente. Este chiquillo era Ernesto Silva.
¿Cuál era la relación con el Miguel Kast alumno, en medio de años turbulentos como lo fue la toma de la Universidad el año 1967?
Él era un líder natural y movía gente. La Facultad siempre ha sido muy especial. Había, por ejemplo, un alumno que estaba por la toma; durante el día estaba en la Casa Central para que no sacaran la toma, y en la noche venía a dormir a nuestra facultad de economía para que no se la tomaran. A los momios no me los toca nadie, decía. Existía un ambiente muy especial, no politizado. La idea era ser la mejor Escuela de Economía de Latinoamérica y no perder clases por ningún motivo. Y es algo que se mantiene hasta ahora, una verdadera tradición. Se daba una cosa muy bonita, una relación alumno-profesor y funcionarios.
¿Cómo era el espíritu en los años en que Miguel Kast estaba en la escuela?
Había un espíritu muy lindo, donde lo importante era defender la academia, y Miguel apuntaba en esa dirección. Nosotros fuimos la primera Escuela, y la trabajamos con Miguel. Por ejemplo, la evaluación de los profesores la hicimos juntos, y quien tomaba la encuesta era el mismo Centro de Alumnos. También tuvimos sistema de crédito. Existía un amor por la camiseta.
¿Cómo enfrentaba Miguel a quienes querían tomarse la escuela y llegar hasta las últimas consecuencias?
No sé, pero sí recuerdo a Jaime Guzmán polemizando con Miguel Ángel del Solar (Presidente de la FEUC), pero a Miguel no lo observé en ese campo de debate. Nuestra facultad tenía ramos facultativos: filosofía, entre otros. Entonces, muchas cosas que pedían en la reforma, nosotros ya la teníamos. Éramos muy avanzados. Miguel defendía eso y encontraba injusto el ataque contra nosotros; igual que ahora, hay un ataque contra el modelo económico. Yo creo que si se toman la Universidad, ahora, los mismos alumnos la deponen.
¿Cuál era la principal característica de la Escuela de Chicago, en la formación de una generación de jóvenes como Miguel?
Lo principal era la exigencia de que las teorías tienen que ser testeadas a través del método empírico. La investigación era muy fuerte, lo que se hacía en la sala se comprobaba por medio de métodos empíricos, para comprobar las cosas. Había también un respeto muy grande por la fuerza del mercado. Se cree que funciona, y en los campos en que no funciona debe regularse. Es una Universidad líder, con importancia en investigación.
¿Cómo se daba el debate entre dos escuelas que en ese momento estaban en completa pugna: la marxista y la liberal?
En ese tiempo era muy tema ese debate ideológico. El énfasis nuestro ha sido, además del mercado, la libertad del hombre de elegir. En ese tiempo, en los países comunistas la libertad no existía. Había falta de respeto y los países que crecían no eran precisamente marxistas. Los países con mayor nivel de vida eran de mercado, por supuesto con regulaciones donde éste fallara.
¿Qué característica especial recuerda de Miguel en esa época de estudiante?
Era alguien que hacía cosas, que organizaba cosas. Hay como una crítica a los ingenieros comerciales sobre mucha información para analizar, pero también hay que hacer, y “Miguelito” hacía. Tenía tiempo para todo y para todos.
¿Cómo calificaría esa etapa de juventud que usted pudo conocer de Miguel?
Era un tipo extraordinario. Con una capacidad de convencer increíble. Te hablaba de la responsabilidad social y otros temas. Por ejemplo, habló con Pepe Yuraszeck y lo mandó a Coyhaique y a Joaquín Lavín a Concepción, ¡cómo los convencía! Miguel tenía la inteligencia. Era un buen negociador y un obstinado para muchas cosas.
Andrés Palma, ex ministro de Mideplan, señaló hace un tiempo que Kast había humanizado a los Chicago Boys, ¿qué opinión le merece ese comentario?
Encuentro que es una exageración. Si hay alguien que influyó sobre todo en nosotros, fue Arnold Harberger y él es el tipo más humano que te puedas imaginar. Nos inculcó el tema de la pobreza. Ahora, hay chicagos y chicagos; hay algunos que son más indiferentes a ese problema y van más a la técnica. Miguel tuvo una preocupación especial por los pobres. Uno es humanizado o no, por lo valores que tiene en la casa. Harberger, por ejemplo, nos entregó mucho en ese aspecto. Yo fui a dar clases a Grecia en esos años, y Harberegr no aceptó ir porque había una dictadura.
¿Cómo recuerda el paso por el Gobierno de Miguel?
Miguel creó la idea de los programas ministeriales, y se metía en cada detalle. Eso fue muy importante. También, ayudó a que se hiciera el sistema nacional de inversión pública. Él me trajo, además, de vuelta a Chile desde Estados Unidos. Me convenció y como mi especialidad era evaluación de proyecto, quería que ayudara en esa materia.
Después como ministro del Trabajo fue importante, sobre todo, en el problema de los portuarios. Tuvo valentía para solucionar ese problema específico.
En el Banco Central tuvo algunos problemas, ¿lo de la devaluación fue su gran traspié?
Lo más probable que sí. Lo feo fue que estando en Alemania se enterara por el diario. Tuvo que haberle dolido mucho.
Como Ministro del Trabajo desarrolló algunas políticas de subsidios, ¿cómo analiza esa materia?
Él creía mucho en la libertad de elegir y creía que en vez de subsidiar a las escuelas había que hacerlo a las familias. También, tiene que haber estado de acuerdo con subsidiar el empleo de jóvenes y mujeres, debido a que el salario mínimo era muy alto. El desempleo juvenil es inmoral: ¿a qué se debe? A que es muy alto el salario mínimo. Allí había que colocar subsidio y él seguramente pensaba mucho en ello.
¿Qué rol jugaría Miguel en el mundo de hoy, sobre todo pensando en la agitada contingencia que hay en áreas como la educación?
Lo veo escribiendo y organizando a la gente. Miguel nos falta, para que nos estuviera organizando, como también falta Emilio Sanfuentes y Jaime Guzmán. Estarían cumpliendo un rol muy importante en la defensa de nuestras ideas.
¿Estaría Miguel satisfecho con el avance en desarrollo y educación?, dos pilares fundamentales de su pensamiento económico.
Miguel estaría satisfecho con el desarrollo. Yo creo, sin embargo, que es inmoral de que un niño porque nace pobre, esté condenado a ir a una escuela pública mala. La culpa no es del sistema, es de los profesores. Estos tienen que ser evaluados. Pero ahí está el Colegio de Profesores, defendiendo profesores malos, y ahí está el Presidente (Jaime Gajardo) en las marchas, cuando las marchas deberían ser en contra de ellos. Miguel fue un gran impulsador para crear programas con el fin de sacar a los niños pobres de ahí y desde chico meterles capital humano, es decir, una inversión precoz. Miguel le estaría dando más importancia a la educación pre escolar, y en eso ha habido un fracaso absoluto. No sé por qué no hay más plata para la subvención de los colegios. Miguel estaría triste de ver esta situación.
¿Cómo fue su último encuentro con él, antes de que falleciera?
Tenía una gran fuerza. Hablamos de los hijos, de la responsabilidad que tenía yo con mi curso de Responsabilidad de Proyectos. Fue duro. Él sabía que se iba morir. Fue una experiencia muy fuerte
¿Cómo ve su intensión de querer ser santo?
Era muy católico. La santidad se logra también rezando y no haciendo solo las cosas. Miguel tenía ese pensamiento. Había que cumplir con un deber en el paso por la tierra.
¿Qué legado nos dejó Miguel?
Fue un ser humano extraordinario, no sé por qué Dios se lo llevó tan joven. Valores muy lindos, muy simpático e inteligencia fuera de lo normal.
Por Victor Hugo Moreno

