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Joaquín Lavín en el sillón de Miguel Kast

Escrito por admin septiembre - 16 - 2011

Joaquin Lavin - Entrevista 2011

Gratitud. Esa palabra refleja el ministro de Mideplan, Joaquín Lavín, al momento de hablar de quien fuera su amigo, y también mentor: Miguel Kast. El secretario de Estado hoy ocupa las mismas oficinas que por allá por la década del 70 vio pasar a un Kast apasionado por la misión de contribuir con políticas públicas para la lucha contra la pobreza. Lavín tiene una meta clara: superar la extrema pobreza de acá al 2014. Seguramente Miguel lo debe estar mirando desde arriba, orientándolo y dirigiéndolo, para avanzar en ese gran desafío que se impuso el actual Gobierno del Presidente Sebastián Piñera.

Pasión de vivir se llama el libro que publicó (1987) el actual jefe de la cartera de Mideplan, sobre la vida de Kast. En esas líneas, el concepto recurrente es la inteligencia y la pasión, ambos elementos que, según Lavín,  lo hacen un personaje tan especial. El ministro ostenta hoy la gran responsabilidad de llevar este ministerio a una cartera con mayor trascendencia: el Ministerio de Desarrollo Social. Y  se aprecia en sus palabras y en el constante ajetreo de su oficina de calle Ahumada que energía y pasión no le faltan y, más aún, se refuerza cuando en esta entrevista se le pide que recuerde a Miguel Kast Rist.

¿Por qué Miguel y la pasión por vivir?

Tuvo una vida corta, pero en esa vida tan corta hizo muchas cosas. Si uno hubiera muerto a la edad que murió Miguel, uno a esa edad no habría hecho ni la cuarta parte de las cosas que él hizo. Vivió con mucha pasión. Cuando una mira las cosas desde ahora, Dios tenía un plan para su vida. Era un apasionado, todo lo quería rápido, para ayer, y eso lo sufrimos las personas que trabajábamos con él.

¿Cómo se notaba la exigencia en el trabajo diario?

Era muy exigente. No había horario, no había fines de semanas. Las cosas se tenían que hacer. Su corazón estaba en la lucha contra la pobreza. Años después (1987) que muriera Miguel, vino el Papa Juan Pablo II y dijo: “los pobres no pueden esperar “. La vida de Miguel mostraba que él lo sabía mucho antes de que su Santidad lo dijera, por eso lo quería todo tan urgente, todo “altiro”.

¿Cuál fue la impresión que tuvo de Miguel la primera vez tuvo contacto con él?

Las paradojas de la vida: lo conocí en este mismo ministerio. Vino un grupo de jóvenes que habíamos sido alumnos en la Escuela de Economía de la Universidad Católica y él los trajo a trabajar a Odeplan (actual Mideplan). Nos hicimos rápidamente amigos. Me tocó trabajar  directamente con él durante dos años, y conocerlo no solo en la labor profesional, sino que también personal, y sobre todo como líder. Teníamos una fe ciega en su trabajo. Por ejemplo, me dijo: “tienes que irte a Concepción” y partí (asumió como decano de la Facultad de Economía de la Universidad de Concepción). Yo había vuelto recién de estudiar economía en Chicago y tenía que pagar la beca trabajando en el sector público,  y Miguel quería influir en las facultades de economías de las regiones y por eso partí.

¿Cuál fue la impronta que colocó Miguel Kast en su paso por Odeplan?

La gran impronta de Miguel Kast es que la lucha contra la pobreza es corazón y cabeza; es pasión y es razón, porque normalmente los economistas miran la pobreza desde un punto de vista más frío: los números y la técnica. Ahora, a veces también se pasa al otro extremo, hay gente que se apasiona por solucionar la pobreza, pero no lo saben hacer técnicamente y no diseñan buenas políticas, y terminan gastando recursos en personas que no necesariamente lo necesitaban. Él mezcló ambas cosas en su justa proporción: cabeza, corazón; razón y pasión. Miguel quería llegar a los más pobres con urgencia, y llegar con políticas efectivas que causaran verdadero impacto.

En ese contexto surgió entonces el mapa de la pobreza

Lo que se hizo fue decir: dónde están los más pobres, quiénes son, y hubo varias sorpresas. No estaban necesariamente donde uno creía, ni estaban donde uno pensaba. Después de eso, de ese diagnóstico, se comenzaron a establecer las políticas sociales más efectivas, y esa es la gran impronta de Miguel, que se anticipó a lo que son hoy las políticas sociales vigentes en el mundo.

¿Cómo vería Miguel el avance en educación y el desarrollo del país en el 2012?

Siempre hay mucho por hacer. Los países viven etapas. Las políticas públicas van a estar siempre vigentes y hay que ir renovándolas. Es distinto un país con 40 por ciento de pobreza, y uno como Chile, hoy, con un 15,1 -según la última encuesta Casen del 2009- y que sitúa además un 3,75 por ciento de pobreza extrema. En la época de Miguel, esa cifra había que multiplicarla varias veces. Obviamente Chile ha avanzado mucho, y la manera de resolver la pobreza en forma permanente es con educación y trabajo, esos factores son las claves más allá de las ayudas o subsidios que la gente pueda recibir, pero los anteriores factores son fundamentales para abandonar la pobreza, definitivamente, y eso Miguel lo tenia muy claro.

¿Qué rol estaría jugando Miguel hoy en día?

Era de esas personas imprescindibles. Es difícil imaginarse una persona hoy, pero estaría marcando la diferencia, liderando, siendo ejecutivo, atrayendo a jóvenes al servicio público, señalando caminos. Podría estar sentado acá. Era un apasionado por Chile.

En tan corto tiempo de vida, ¿cómo se explica el legado que dejó en materia de políticas sociales?

Hay personas a las cuales Dios les dio talentos especiales, pero al mismo tiempo son personas que no entierran esos talentos, sino que les sacan lustre. Tenía una inteligencia excepcional, y una fuerza muy grande. Su gran mérito es que esos talentos los puso al servicio de los demás, al servicio de Chile. Toda esa mística la ocupó para diseñar políticas para superar la pobreza.

Las personas tenemos virtudes, las que hemos resaltado, pero qué defecto se le podría achacar a Miguel

Lo que más reclamábamos: su impaciencia, que todo estuviera para ayer, y eso nos traía algunos problemas al interior de nuestras familias, pero sabíamos que era por una gran causa. Fue un precursor del 24/7. El trabajo intenso chocaba, a veces, con la vida familiar. Es lo único que entre comillas se le podría criticar.

¿Cuánto influyó la escuela de Chicago, a la cual usted también asistió, en las políticas e ideas de Miguel?

Influyo bastante. Miguel pasó por ahí y fue un alumno brillante. Todos estudiábamos de sus cuadernos, se fotocopiaban. Tomaba muy buenos apuntes. Y la gran gracia que tenía esa escuela es que era muy aterrizada a los problemas prácticos; uno aprendía teoría y los aplicaba a problemas concretos, y eso hacía que uno llegara con ganas de transformar las políticas económicas y sociales de un país.

El Mideplan con una meta clara: “derrotar la extrema pobreza el 2014”

Usted siempre quiso estar en un Ministerio social, ¿qué responsabilidad siente al ocupar este sillón que también usó Miguel Kast?

Claro que siento una responsabilidad. Para mi ser ministro en el lugar en que Miguel lo fue, además, en este mismo edificio; y suceder también a su hijo tiene mucho simbolismo, pues me tocó conocer muy de cerca lo que Miguel hizo, y ello pone las varas y las metas muy altas. Me conformaría con hacer una porción de lo que él hizo.

¿Qué metas tiene para su estadía en este Ministerio?

Las metas principales son las metas del Gobierno del Presidente Sebastián Piñera. Estas son muy concretas, y son las mismas por las que luchó Miguel: eliminar la extrema pobreza. Y estamos jugados para lograrlo el año 2014. También algo que a Miguel le hubiera gustado: convertir Mideplan en un Ministerio de desarrollo social, de tal forma que lo social esté en el corazón de las decisiones de los gobiernos del futuro. Para ello estamos diseñando políticas especiales como, por ejemplo, el ingreso ético familiar.

Por Victor Hugo Moreno

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