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Palabras de Ernesto R. Fontaine en el funeral de Miguel Kast R.

Escrito por admin septiembre - 16 - 2011

Septiembre de 1983.

He aceptado el honor y la gran responsabilidad de despedir a Miguel a nombre de los profesores, ex-alumnos, alumnos y personal de la Facultadde Ciencias Económicas y Administrativas de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Esta es una tarea dolorosa, muy dolorosa. Es también difícil -aunque no debería serlo, pues qué fácil es encontrar, literalmente, cientos de cosas positivas sobre el paso de Miguel por nuestra Universidad- pero qué difícil es ser justo y destacar las más relevantes.

Desde sus primeros días en la Universidad me llamó la atención: era alegre, amistoso, preocupado por la Universidad y por los demás; visitaba frecuentemente mi oficina y la de otros profesores, siempre apurado, con su mechón dorado en la frente y comiéndose las uñas; lleno de entusiasmo, lleno de ideas, siempre avanzando. Recuerdo cómo llegaba a los Domínicos en su camioneta roja, que había comprado con sus trabajos de verano manejando sus trilladoras, y la camioneta venía repleta de chiquillos.

Miguel perteneció a una generación de brillantes alumnos de nuestra Facultad, y fue uno de los más destacados entre aquellos que más tarde ocuparon -y hoy en día ocupan- importantes cargos en el sector privado y en el equipo económico del gobierno. Desde su ingreso a la Universidad mostró cualidades intelectuales, humanas y de liderazgo que lo llevaron a convertirse en uno de los elementos claves para el desarrollo y preservación del espíritu que nos ha caracterizado como Escuela de pensamiento y de conducta profesional. Estaba metido en todo: en la recepción del primer año, en la semana del novato, en el día de la Escuela, en la semana universitaria, y ¡qué bien lo hacía! Le alcanzaba el tiempo para todo… y para todos.

Tuve la suerte de ser Director de la Escuela cuando él fue elegido como Presidente del Centro de Alumnos. Fue un amigo, un compañero y un colaborador que comprendió muy bien el sentido y el espíritu de la verdadera y legítima participación estudiantil. Luchó por principios, por la justicia y la asistencia a los más débiles, sin sacrificar las exigencias académicas y sin pedir que las bajáramos. Juntos, y con muchos otros, luchamos por defender a la Escuela de la toma de 1967 y de los otros embates a que fuimos sometidos hacia finales de la década de los sesenta y comienzos del 70.

Luchó por la excelencia académica en la Escuela y en la Universidad toda. Luchamos en nuestro Consejo Académico de la Facultad, y muy juntos con otros académicos y alumnos, en el Consejo de Directores y en el Consejo Superior dela Universidad… siempre optimista, siempre amistoso, honesto, siempre leal, firme y derecho, y muy inteligente.

No nos cabe duda alguna que nuestra contribución como profesores dela Facultad no hubiera sido lo que fue sin Miguel… y no sería tampoco la que es hoy en día.

Fue un alumno sobresaliente en Chicago, donde hasta hoy hay quienes estudian de los magníficos apuntes que el tomó en clases. Fue una de las personas claves en el estudio del Mapa de Extrema Pobreza, desarrollado por la Facultad a comienzos de la década del 70. Ese fue un estudio que sin duda le impactó y le reforzó su enorme deseo e incansable esfuerzo por implantar un sistema económico que definitivamente la erradicara.

Como ayudante y profesor fue también sobresaliente… formó escuela… reforzó un estilo… ¡qué paciencia tuvo Cecilia al aceptar que Miguel, aún siendo Ministro, organizaba hasta más de una vez por semana reuniones en su casa con sus alumnos! Cómo formó juventud… verdaderas legiones de profesionales patriotas e íntegros moralmente… y siempre encontraba tiempo y buena cara para todo… ¡y para todos!

Miguel, los profesores, exalumnos, alumnos y personal de la Facultad agradecemos tu paso por esta tierra y por nuestra Facultad. Has dejado una marca imborrable en el quehacer académico de nuestra Universidad. Te prometemos seguir luchando por tu ideal de que nuestros alumnos tengan bien puesta una camiseta que simbolice el amor a Dios, a la patria, a la ciencia, y a la verdad. Te pedimos que intercedas ante el Padre y la Virgen Santísima para que ellos nos ayuden a perseverar en el buen camino.

Ernesto Fontaine R.

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